03 abril 2025

El Blog del Marketing

Soy un viejoven y un joviejo. Puta edad

Amo la música y, como con el deporte, creo que no podría vivir sin ella. Estoy anclado en los 70, en los 80, o quizás en los 90. Pero no me rindo. Sigo escuchando música nueva cada día, pero precisamente a diario me reafirmo en el tipo de música que me gusta. Me gusta el Rock and Roll, me gusta el Indie, y quizás algo de Pop según el día que tenga.

También me flipa el piano, desde niño y últimamente combino sin rubor algo de Blues y una lista de distribución de Peaceful Piano o cualquier disco de Brian Crain (que si no le conoces, te animo a escuchar mientras lees un buen libro o mientras escribes un post, como estoy haciendo yo ahora mismo).

En mi búsqueda incesante de música utilizo mucho la función "radio" de Spotify. Gracias a su algoritmo he descubierto a muchos grupos que me gustan. Y si te estás preguntando si eso me ha ayudado a variar mi gusto musical, lamento decirte que no. Me reafirma sobre la música que me gusta, y soy feliz en mi pequeña jaula de cristal, descubriendo alguna joya de vez en cuando y compartiéndola con mis amigos musiqueros de Torrelavega. Sí, los que en el 50 cumple de Greñas (y de todos los que no tuvimos el valor que tuvo él), nos plantamos en El Leyendas, nuestro "garito de referencia" desde hace muchos años, y nos pusimos a dar un concierto con muchos de nuestros amigos, después de ensayar concienzudamente durante meses (sobre todo los legendarios miembros de la Dirty Mon y los añadidos)... pero esa es otra historia, llena de nostalgia y emoción. Y también de Rock and Roll. De nuestro Rock and Roll.

En fin, que hoy quería contaros otra cosa y, como casi siempre, me estoy liando. Supongo que es lo que tiene escribir sin guión y sin repasar. Ese "escribe fácil" que algún lector nuevo opina tras leer un post de un cariz completamente diferente a este que estás leyendo ahora, es el que me lleva a dar vueltas alreldedor del sol, sin terminar de encontrar nunca la mejor pista para aterrizar mi nave.

Venga, va... Recalculando ruta. Solo dos cosas más antes de contaros la mini reflexión de hoy.

La primera, que en esa búsqueda incesante de nueva música, he descubierto en el último año a un par de grupos que creo que destacan sobre los demás, y ya que estoy aquí, pues lo comparto contigo, y ya decides si les das una oportunidad como les di yo, o pasas de este muchacho y sus pajas mentales.

Santero y los muchachos ha sido mi grupo de cabecera durante 2024, y quizás también de lo que llevamos de 2025. No son muy famosos, ni tienen 20 años. Son un grupo de cincuentones valencianos que tocan lo que ellos mismos denominan como Rock reposado, y que -en mi opinión- tienen una frescura, un estilazo y un flow que me tienen completamente enganchado. Quizás para ti no sea relevante que un grupo se cuele entre los más escuchados de un año musical. Son muchos días al año. Diría que escucho música todos los días y a casi todas las horas, y Santero se ha ganado a pulso un hueco en mi discografía personal, desbancando a mis clásicos. Los Ronaldos, Pereza, Leiva, Coque Malla, Tarque y MClan, los Rolling Stones, ACDC, Ariel Rot o en los últimos años a grupos como Love of Lesbians, Sidonie, Lori Meyers, Supersubmarina o muchos otros que año tras año ocupaban las posiciones del podium y que en este 2024 se han echado a un lado para que pueda escuchar a Santero y los muchachos.

Y a modo de anécdota, os diré que no les descubrí gracias a la función "radio" de Spotify, sino a un post de Instagram de Coque Malla, que por cierto, estuvo viéndoles en el concierto que dieron en el Teatro Barceló y al que tuve la suerte de acudir hace algunas semanas. Espectacular. Simplemente delicioso. 

La segunda cosa que os quería contar (estaréis aburridos de leerme y seguramente os preguntáis por qué coño no cuento lo que había venido a contar, pero lo siento... Soy así) es que hay grupos que descubres y escuchas una y otra vez, haciendo girar sus canciones en tu cabeza y llevándote a la época en la que fueron compuestas y tocadas por primera vez, y que luego... Cuando les escuchas en directo, te das cuenta de que tenías que haberte quedado ahí. En los discos de estudio, o en los discos grabados en directo en su momento. Estirar el chicle no es buena idea, salvo para llevar un plato caliente a la mesa, supongo. Cuando la necesidad aprieta o la nostalgia te atrapa, imagino que eres menos exigente contigo mismo. Eso le pasó a Diamond Dogs, una banda sueca de los 90 que me atrapó y que me dejó caer al suelo el día que escuché gritar a su cantante en un concierto en la Sala Clamores. ¿He dicho gritar? Ups, sí. Una lástima, porque siguen sonando a Rock and Roll con un toque punky que me gusta... pero definitivamente el cantante no ha envejecido igual que los músicos.

Venga, va. Voy a contaros la reflexión de garrafón que me ha venido a la cabeza hace un ratito ya y que compartí con mis amigos los musiqueros en nuestro grupo de Whatsapp.


Hoy sale a la venta Gigante, el nuevo disco de uno de mis músicos favoritos; Leiva. Y cada vez que uno de mis músicos o de mis grupos favoritos saca un nuevo disco, mi mente activa una cuenta atrás invisible que me llena de ilusión y que en cierto modo me hace volver a mis 17 años, cuando entraba en alguna de las tiendas de discos de Torrelavega con cualquiera de mis amigos y nos llevábamos a casa de mis padres o de los suyos el vinilo de turno, para tumbarnos en la cama a escucharlo, leyendo las letras y emitiendo juicios de valor instantáneos que tenían "valor ley" para nosotros.

Pues sí, estoy nervioso. Estoy con ganas de escuchar el disco de 14 canciones a pesar de que ya he escuchado hasta la saciedad los cuatro singles que ha compartido en Spotify. Entonces, he pensado (a las 11 de la noche):

Molaría quedarme hasta las 12 de la noche (hora a la que sale el disco) y escucharlo tranquilamente. Y luego he pensado, si tuviera 25 años, me pondría a escuchar música bien alta mientras me tomo dos o tres cervezas y estrenaría el disco escuchándolo hasta que lo terminara, bailando en el salón y disfrutando de unas cuantas Estrellas Galicia bien frías. Y me metaría en la cama un poco borracho pero feliz.

Pero no. Estoy mayor para esas cosas. Los niños están durmiendo desde hace un rato y no tengo ninguna gana de despertar mañana con la sensación pastosa en la boca y la cabeza de "medio lao" por haber ingerido "calorías vacías". 

Hay que ser gilipollas, la verdad. Calorías vacías nunca puede ser una forma de hablar de la cerveza. Es más, debería ser obligatorio escribir la palabra CERVEZA con mayúsculas. Joder, qué ganas me están dando de apurar estos tres minutos que ahora quedan hasta las doce de la noche y volver a ser el Pedro de hace unas décadas. El que hacía las cosas sin pensar y llevado por lo que le apetecía.

¿Sabes qué te digo? Que al carajo el día de mañana. Perdona que corte de esta forma tan abrupta esta mierda de post que me ha salido, pero me quedan segundos para disfrutar del nuevo disco de Leiva, y un poquito menos para tomarme la primea Estrella del fin de semana.

Que duermas bien, como lo haré yo!!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué bueno Pedro. Sigue así, más joven que viejo!